4 de agosto de 2017

ANATOMÍA EN CERA: modelos para la enseñanza a futuros cirujanos.



Buenas tardes lectores,


  Durante la pasada visita realizada al Museo Provincial de Albacete (cuyas piezas de eboraria fueron comentadas en el anterior post de este blog), se pudo asistir a la exposición temporal “Los Instrumentos del Saber. El Instituto Histórico Bachiller Sabuco de Albacete”, una muestra que repasa la historia y patrimonio científico del primer centro de Segunda Enseñanza de la capital manchega, a la que acompañan otras piezas procedentes de diversas instituciones educativas históricas de Castilla – La Mancha, como es el busto de “Anatomía de una cabeza”, prestado para la ocasión por el Instituto Histórico “El Greco” de Toledo. En la siguiente entrada se pretende comentar dicha pieza teniendo en cuenta el contexto histórico, cultural y artístico en el que fue creada, siendo ejemplo tanto de los avances a nivel científico que se estaban experimentando en el momento, así como de la estrecha relación que desde este momento mantendrían escultores y cirujanos partiendo de un nexo común: la anatomía.


  La llegada de los Borbones a España a principios del siglo XVIII trajo consigo principalmente la reorientación a nivel económico y comercial del territorio, lo que conllevó a un aumento considerable de la población. Pero además, desde la Corte se apostaría por el desarrollo y modernización paulatina de la Ciencia, la enseñanza o las artes a través de colegios y academias que seguían los modelos de las instituciones francesas, que durante el reinado de Carlos III vivirán su momento de mayor apogeo. De esta manera el pensamiento de renovación ilustrado sería utilizado por la Corona como una herramienta de poder y exaltación, como bien describe Javier Puerto[1]:

“La Corona ha de ser la antorcha que ilumine al pueblo con conocimientos útiles, para mejorar su calidad de vida en los aspectos económicos y sociales; a tal fin precisa de la complicidad de personalidades e instituciones comprometidas en la doble tarea de difundir las luces y fortalecer las prerrogativas regias”.

Portada de Anatomía completa
del hombre
, por el doctor
Martín Martínez (1728),
en la que se representa el
anfiteatro anatómico del
Hospotal General de Madrid.
Foto: Wikipedia.
  En el campo de la Ciencia, se experimentaron una serie de transformaciones ligadas al concepto de la razón y la experimentación, que se vieron beneficiadas en buena medida por el interés creciente en la educación, pues en este momento son importantes las reformas universitarias bajo proyectos de Gregorio Mayans o Pablo de Olavide[2]. Más concretamente en el ámbito de las ciencias médicas, debe destacarse la importancia que toma en este momento la cirugía, práctica que desde finales del siglo XVII estaba tomando un carácter profesional de la mano de médicos eruditos como Juan de Cambriada, Diego Mateo Zapata y Pedro Martín Martínez, este último considerado de los más importantes de su época, recordado sobre todo por sustituir el latín por la legua castellana en sus escritos sobre medicina, sacando así esta disciplina del entorno académico y dándola a conocer[3]. Debe tenerse en cuenta que la enseñanza de la cirugía no estaba reglada hasta el momento, pero quedaría regularizada a mediados del siglo XVIII tras la inauguración de los Reales Colegios de Cirujanos, como el de Cádiz, destinado a la formación de cirujanos de la Armada (1748); el de Barcelona (1764) o Madrid (1780). Estos nuevos colegios venían a secundar el modelo de academia de cirugía gestado en París en 1731 por orden del monarca Luis XV.

  Dado que la conservación de cadáveres para las lecciones de la materia de anatomía en estos colegios todavía era complicada, terminaron acudiendo a artistas para reproducir en cera partes internas del cuerpo humano, ya que este material conseguía unas calidades y texturas de humedad que se acercaban mucho al aspecto real de los cuerpos inertes. Esta circunstancia propició la cooperación entre las ramas de Ciencia y Arte, vista esta última como una herramienta para facilitar el aprendizaje, aunque su vinculación debe situarse unos siglos atrás, concretamente en los estudios anatómicos tardomedievales y renacentistas.
Anathomia Mundini. Estudio de Mondino de Luzzi editado por Antonii Blanchard (1528).
Foto: Rafael Ballesteros Massó.
  La preocupación por el conocimiento del cuerpo humano a través de disecciones se ve tempranamente, en torno al siglo XIII con la escuela de Bolonia, a la que pertenecía, Mondino de Luzzi, médico que, siguiendo escritos antiguos de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, fue quien realizó la primera disección pública registrada en el año 1350, si bien es cierto que esta práctica era más habitual de lo que pudiera parecer, pues se sabe que, además de las realizadas de manera clandestina, el rey de Sicilia, Federico II, autorizó en 1231 las disecciones en Salerno una vez cada cinco años, prohibiendo su práctica a quienes no hubiesen aprendido anatomía en cuerpos humanos[4].

Boceto anatómico de Leonardo
da Vinci.
Foto: www.lamiradadifusa.com

  Por su parte, la escuela de Padua también desarrollaría el conocimiento de la anatomía a partir del siglo XIII con Pietro D’Abano, a quién posteriormente le sucedió Johannes de Ketham y Nicolai Massa, que también se servían de xilografías para ilustrar sus estudios. Por otro lado, por su importancia dentro de la Historia del Arte, así como la calidad de sus estudios anatómicos, debe mencionarse a Leonardo Da Vinci. Su interés por la experimentación anatómica como medio por el que conseguir obras más fieles a la representación humana, le llevó a diseccionar un número importante de cadáveres[5]. Sus investigaciones sobre estructuras corporales, sin embargo, no fueron conocidas hasta la segunda mitad del siglo XVII, por lo que no podría haber ejercido demasiado influencia sobre sus contemporáneos[6].

Retrato de Andrés Vesalio procedente de su
obra Fabrica. Foto: Blog "La escalera de Iakob.

 Pero sin duda, quien contribuyó a la difusión de la anatomía a través de tratados fue el anatomista belga Andrés Vesalio, cuya obra cambió radicalmente el pensamiento tradicional medieval. Vesalio pronto tuvo contacto con las disecciones tras convencer a sus profesores para realizar dicha labor en diversas clases, mientras se leían los textos de Galeno y Mondino. Su libro De Humani Corporis Fabrica libri septem, constituye la primera publicación sobre anatomía moderna que revisa los errores anteriormente cometidos e ilustra de manera clara y pormenorizada las estructuras del cuerpo humano, destacando la descripción de órganos y el sistema conjuntivo (venas, arterias y nervios). En su publicación sobresalen los grabados, realizados en talleres de Venecia ,de gran calidad artística, lo que llamó la atención a otros ilustradores que comenzaron a copiarlos y difundirlos por otros territorios. El hecho de que en su obra no figure el nombre de quienes realizaron los grabados para Vesalio, el cual indudablemente ayudó a su concepción, ha hecho pensar que el anatomista acudiría a artífices poco reconocidos con el fin de no tener que compartir el mérito de su trabajo[7]. Sería pues en tratados realizados a partir de la Fabrica de Vesalio en los que los escultores del siglo XVIII se inspirarían para poder llevar a cabo obras con un conseguido realismo y así poder servir a la función para la que serían creadas: la enseñanza de la anatomía en los colegios de cirugía.
Anatomía de una cabeza, obra anónima. Instituto
Histórico "El Greco", Toledo. Foto: Col. Belso Delgado.

  La obra en cuestión, denominada Anatomía de una cabeza, representa un busto femenino sobre pedestal fechado entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Está realizado en madera, tela encolada, yeso y cera y muestra en corte transversal en el lado derecho del rostro músculos, glándulas y venas. En su apariencia externa, el rostro aparece con la boca entreabierta mostrando los diente y mirando hacia arriba, poniendo en tensión los músculos descubiertos. Por su parte, el rostro de la mujer es de suaves y bellas facciones, tez clara y cabello ondulado. Se trata de una pieza anónima, pero que puede ponerse en consonancia con los trabajos anatómicos importados desde Italia y realizados por artistas vinculados al taller que había promovido el físico y estudioso del ojo humano Felice Fontana, con apoyo del Duque de Toscana, para llevar a cabo encargos de modelos en cera para el estudio médico, taller que posteriormente se convertiría en La Specola[8], donde se conservan las famosas Venus anatómicas de Clemente Susini.
                     
                         Foto: Col. Belso Delgado.
Foto: Col. Belso Delgado.

  Entre los alumnos de Fontana, cabe destacar a Luigi Franceschi y al malagueño Juan Cháez, grandes escultores que contribuyeron a que, como apunta Fermín Viejo Tirado, la mayoría de las ceras conservadas en España sean de inspiración italiana. Estos artistas realizaron la famosa “Parturienta”, una obra realizada a finales del siglo XVIII conservada en el Museo de Anatomía “Javier Puerta” de la Universidad Complutense de Madrid, en la que se representa una mujer fallecida en proceso de dar a luz, con el cuerpo abierto mostrando cómo el bebé se hace hueco entre los órganos de la madre. Se dice que la mujer que sirvió de modelo para la obra la había atropellado un carro de caballos, lo que muestra que algunos artistas no sólo se servían de las láminas de los tratados anatómicos para llevar a cabo sus encargos, sino también de cadáveres auténticos para conocer de primera mano lo que debían representar en cera. 

  Conviene tener en cuenta que este busto expuesto llegó al Instituto de “El Greco” desde el “Gabinete de Naturalia” del Palacio Arzobispal toledano, formado desde el siglo XIX por dos colecciones creadas durante la centuria anterior: la de los cardenales Francisco de Lorenzana y el Infante don Antonio de Borbón, venida esta última del Palacio de Boadilla del Monte[9]. Debido al carácter de ambos gabinetes, especialmente enfocados al coleccionismo de objetos procedentes de América, mármoles, moluscos, aves y minerales, además de retratos y otros objetos varios, se ha considerado que el busto en cuestión no fue realizado para acompañar a ese conjunto de obras, debido al carácter didáctico del mismo, lo que hace pensar que pudiera formar parte de algún lote de Ciencias Naturales vinculado a la institución universitaria que acabó completando la colección del Instituto Histórico al que hoy pertenece.

  En definitiva, Anatomía de una cabeza pertenece al grupo de esculturas anatómicas en cera realizadas desde mediados del siglo XVIII que son reflejo del esplendor científico y cognitivo del momento, constituyéndose así en obras de especial interés a nivel artístico que, lamentablemente han sido eclipsadas en muy buena medida por su propio carácter didáctico. Su aparición en las lecciones de anatomía supuso un avance para los futuros cirujanos, que pudieron aprender con detalle diversas zonas del cuerpo humano que en las clases de disección resultaban más complicadas de identificar.


                                                  Autora del texto: Marina Belso.


Y con esta última entrada, PREDELLA: blog de Arte se despide hasta septiembre, aunque el equipo seguirá trabajando sin descanso para acercar a los amantes de la escultura y otras artes información interesante y de calidad. Hasta entonces... ¡Feliz verano, lectores!


[1] PUERTO SARMIENTO, F. J. (2009): “La Ciencia durante la Ilustración y la Guerra de la Independencia”. Anales de la Real Academia Nacional de Farmacia, (75). Madrid: Real Academia Nacional de Farmacia, pp. 530.
[2] ARIAS DE SAAVEDRA, I. (1997). “La reforma de los planes de estudios universitarios en España en la época de Carlos III. Balance historiográfico”. Chronica Nova, (24). Granada: Departamento de Historia Moderna y de América, Universidad de Granada, pp. 7 - 34.
[3] SAÍZ CARRERO, A. (2007). “Pedro Martín Martínez, profesor de Anatomía del Hospital General de Madrid”. Archivos españoles de Urología, t. 60 (8). Madrid: Iniestares S.A., pp. 887-901.
[4] El estudio de esta y otras escuelas de anatómicos antes de Andrés Vesalio han sido puestas en valor en BALLESTEROS MASSÓ, R. (2015). Iconografía de Andrés Vesalio, el nacimiento de una idea, [tesis doctoral defendida en la Universidad Complutense de Madrid].
[5] CRESPO FAJARDO, J. L. (2014). “Los documentos anatómicos de Leonardo de Vinci”. En CRESPO FAJARDO (coord.). Bellas Artes y trincheras creativas. Málaga: Universidad de Málaga, pp. 163-172.
[6] “Se puede escribir la historia de los conocimientos anatómicos en Europa legítimamente sin mencionar ni una vez su nombre”. Clayton, M. y Philo, R. (1992). Leonardo Da Vinci: anatomía humana. Dibujos procedentes de la colección de Su Majestad la reina Isabel II. Barcelona: Ediciones científicas y técnicas. Masson: Salvat Medicina, p. 11.
[7] Un estudio pormenorizado sobre Andrés Vesalio y su obra dedicada a la anatomía puede verse en BALLESTEROS MASSÓ, R. (2015). Iconografía de Andrés Vesalio... ob. cit.
[8] SÁNCHEZ ORTIZ, A., DEL MORAL, N. y MICÓ, S. (2012). "Entre la ciencia y el arte. Ceroplástica anatómica para el Real Colegio de Cirugía de San Carlos (186-1805)". Archivo español de Arte, t. 85, (340). Madrid: Consejo Superior de investigaciones científicas, pp. 329-349.
[9] Su historia y formación pueden verse en GARCÍA MARTÍN, F. (1998). “Los Gabinetes de Historia Natural y la colección Borbón-Lorenzana”. En VV.AA., El Alcázar de Toledo: palacio y biblioteca. Un proyecto cultural para el siglo XXI. Toledo: Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha, pp. 99-108.


Para cualquier duda o sugerencia, puede realizarse a través del correo de contacto del margen izquierdo de la página.