28 de junio de 2017

A propósito de dos tallas de marfil en el Museo Provincial de Albacete.



Buenos días lectores,

  En el Museo Provincial de Albacete se conserva una pequeña pero interesante colección de obras pertenecientes a la Edad Moderna, entre las que se destaca un busto de la Dolorosa realizado por Francisco Salzillo hacia 1755. Pero hoy son protagonistas en este post dos piezas de eboraria que le acompañan en la muestra y que se han querido poner de relieve por su calidad artística: una Virgen con Niño y un Crucificado, ambos estudiados por el investigador García-Saúco Beléndez en el catálogo de la exposición sobre marfiles de la provincia de Albacete de 1999, celebrada con motivo de la adquisición de dicho Crucificado el año anterior.



  El marfil es un material que se aplica generalmente en objetos de pequeño tamaño relacionados con el lujo, la mística o el poder, por lo que se le suele equiparar al valor que se le da a los metales nobles. Tradicionalmente en el área mediterránea, donde era difícil obtenerlo, el marfil se solía importar principalmente de las regiones africanas, a través del comercio con Oriente Medio[1]. Aunque su uso ya era conocido desde la Prehistoria, será a partir de los siglos XII y XIII cuando comience a ser más utilizado en el ámbito artístico, momento en el que las artes decorativas adquieren otra dimensión y proliferarán los talleres franceses en los que el trabajo de marfil alcanzará una de sus etapas más importantes. Sin embargo, en el trascurso del siglo XV la producción ebúrnea irá mermando poco a poco y, en España “los siglos de Oro presentarán un notable y constante problema, que no será otro que la continua escasez de materia prima”, como afirma Fernández Paradas[2].

Crucifijo de marfil, relacionado
con el taller de Juan Martínez
Montañés(h. 1601-1650). 
Museo de Artes Decorativas, Madrid. Foto: Red Digital
de colecciones de Museos.
  En el caso de España, la confluencia de diversas escuelas artísticas durante el siglo XVI y XVII, dada por lo intercambios políticos y comerciales con Italia y Flandes, sería uno de los principales puntos que afectarían al desarrollo del arte español, que se caracterizará por tener un estilo poco definido[3]. Teniendo en cuenta este factor, no es raro que muchos investigadores hayan tenido dudas al catalogar una escultura de marfil, ya que se podría dar el caso de que se tratase o bien de piezas importadas, o bien de imágenes realizadas en la península pero imitando lenguajes italianos y flamencos[4].  

  La talla de marfil en España en esta época tendrá por norma general la reproducción en pequeñas dimensiones de las características propias de los diferentes períodos artísticos que se van sucediendo en este tiempo, tomando como modelos obras de otras manifestaciones artísticas, especialmente la escultura y el grabado. Aún así, debe tenerse en cuenta que en algunos casos, será la propia escultura en marfil la que proporcionará en parte el modelo a seguir por un artista, como fue el caso de Juan Martínez Montañés, al que se le impuso el Cristo realizado por Núñez Delgado[5], aunque, tal y como apunta Estella Marcos en su estudio, un artista imita pero no olvida su estilo, aunque trabaje en madera o marfil y las condiciones de la talla varíen[6].
 
  La anónima Virgen con Niño del Museo de Albacete ha sido fechada por García-Saúco Beléndez a finales del siglo XVI y catalogada como obra manierista[7]. La pieza se encontraba en el interior de una urna de madera dorada con decoración de rocallas que podría fecharse a mitad del siglo XVIII y vendría a proteger la imagen y realzar su significación mística como Madre de Jesús[8].

Virgen con Niño (finales del siglo XVI),
obra anónima. Museo provincial de
Albacete. Foto propia.
  La talla presenta a la Virgen María sosteniendo al Niño Jesús sentada en una posición un tanto forzada, manteniendo una de las rodillas más flexionada que la otra, lo que hace pensar que se pudiera representar apoyada en el borde de una roca. La pequeña imagen está concebida para ser vista de frente, manteniendo la parte trasera sin tallar, lo que revela que su función era estar adosada a un muro; sin embargo, el artista supo realizar un alto relieve en el que consiguió crear de manera notoria la sensación de volumen, a pesar de no haber sido concebida para ser contemplada desde diferentes ángulos. Así, la frontalidad se rompe con la posición adoptada por la Virgen, con el torso y las piernas ligeramente ladeados, lo que le obliga a mantener la cabeza y la mirada hacia el lado izquierdo, contraponiéndose a la del Niño, que sí observa directamente al espectador y, por tanto, adquiere mayor protagonismo. 

Detalle de la Virgen con Niño. Museo
provincial de Albacete. Foto propia.
  El Niño aparece en calidad de juez, desnudo, con cabello ensortijado y mostrando la calidad mórbida de su piel, mientras que la Virgen aparece ataviada con una indumentaria puramente clásica, cuyos pliegues abundantes y finos, se pegan al cuerpo dibujando su silueta en el espacio. Además, porta soleae romanas y un velo que cubre parte del cabello, dejando al descubierto algunos mechones ondulados echados hacia atrás y despejando su rostro de claro perfil clásico. Uno de los detalles que más llama la atención de la pieza es cómo ambos se cogen de la mano, la Virgen con la izquierda y el Niño con la derecha, siendo el único gesto íntimo que mantienen entre ellos. 
Virgen y el Niño, Miguel Ángel 
(h. 1504). Iglesia de Notre Dame de Brujas.
Foto: Pinterest

  Esta manera de representar a la Virgen cogiendo a su hijo, menos frecuente en el arte, había sido utilizada por Miguel Ángel en su Virgen con el Niño de la localidad de Brujas, una obra en la que la frontalidad está más acusada y su acabado es más clásico. Por las características que posee, García-Saúco Belendez adscribe esta imagen del Museo albacetense a un Renacimiento tardío, de carácter romanista, con un tratamiento en los detalles que muestran que el artista no dio lugar a la improvisación.


  Por otro lado, desde finales del siglo XVI en España, la talla en marfil de Crucificados será la más sobresaliente y se destinarán principalmente para presidir la celebración de misa o para el culto privado, que generalmente obedecían a devociones de particulares en las que las imágenes representativas de la Pasión de Cristo eran bastante frecuentes, con la finalidad de conmover al fiel desde la intimidad del hogar. Y es este posiblemente el caso del Crucificado conservado en el Museo provincial de Albacete, procedente de un particular de Villarrobledo que lo tenía en un oratorio privado, aunque según la tradición oral, podría haber sido un regalo relacionado con la Casa ducal de Alba, si bien todavía no se ha encontrado documentación alguna que pruebe dicha afirmación[9].
Crucificado de marfil. Firmado (H. F.) y fechado en 1639.
Museo provincial de Albacete. Foto propia.

  Este Crucificado se clasifica dentro de los denominados “Expirantes”, un modelo que se hizo común desde finales del siglo XVI en Europa[10], en el que se muestra a Cristo todavía vivo y agonizando. Este ejemplar aparece en un cruz de madera de raíz y con un titulus crucis también de marfil, sobre un fondo de terciopelo y dentro de un marco dorado con decoración de hojarasca, de factura posterior y que, como en el caso de la Virgen con Niño vista anteriormente, viene a realzar su carácter devocional. Afortunadamente se encuentra fechado en 1639 y firmado con las siglas "H. F.", de las cuales actualmente se desconoce el artista que hay detrás. Esta tipología de crucificado será trabajada en marfil por otros artistas con los que este ejemplar de Albacete comparte algunas similitudes, como puede ser el caso de los realizados por Juan Antonio Homs o Beissonat, aunque estos están realizados posteriormente[11].

"Calvario". Grabado de Alberto
Durero (1523). British Museum
(Londres). Foto: LabartBlog.
  En esta imagen se presenta muy bien el conocimiento de anatomía clásica que el artista debió tener, realizando un cuerpo de factura suave y bien proporcionado, sin estridencias y gran elegancia compositiva que se relaciona con influencias italianas. Se encuentra sujeto a cuatro clavos, siguiendo una tipología de crucificado que defendería el pintor y tratadista Francisco Pacheco en su Arte de la Pintura. Se debe tener en cuenta que el artista del Crucificado del Museo Provincial de Albacete no tomaría las recomendaciones de Pacheco, pues estas no se publicaron hasta después de 1641, por lo que debió fijarse en lo que decía a favor de esta tipología el obispo de Tagasta Angelo Rocca (al cual también acudirá Pacheco para reforzar su teoría) y quizá en el modelo de Crucificado del grabado "Calvario" de Durero fechado en 1523 y que actualmente se conserva en el British Museum[12], si bien en esta representación de Albacete no se utiliza el taco que sostiene los pies de Cristo y que sí utilizarían Durero, Pacheco y otros artistas posteriores de renombre como Velázquez, Zurbarán o incluso Goya. Por su parte, el torso del Cristo se encuentra ligeramente curvado, lo que provoca que el fino paño de pureza quede inclinado y se sujete tan solo por una pequeña cinta, dejando a la vista la marcada pelvis. Además, tanto el tratamiento de las manos como el de los pies, muy cuidado y detallista, confirman la maestría del artista y su conocimiento al llevar a cabo la imagen, recreándose en la realización de las uñas y las arrugas de las llagas provocadas por el peso del cuerpo.

Detalle del Crucificado de marfil.
Museo Provincial de Albacete.
Foto propia.
Detalle del Crucificado de marfil.
Museo Provincial de Albacete.
Foto propia
  







  Por su parte, el rostro es el único signo dramático de la talla, formado por una mirada suplicante con el ceño un poco fruncido, mirando al cielo y con la boca entreabierta, en la que se ven con total definición los dientes y la lengua.  Esta manera de expresar el dolor ha sido relacionada directamente por Pascual Clemente y Enrique López al Laocoonte, que había sido descubierto en 1506 en Roma y se había difundido a través del grabado[13]. Además, cubre la cabeza con un cabello espeso, con mechones cortos, ondulados y compactos, acompañada de una barba partida corta.


Detalle del Laocoonte y sus hijos (siglo I a. C.).
Museos Vaticanos (Roma).
Foto: Blog Domus Pucelae.
    En definitiva, estas dos obras son un ejemplo de la eboraria de finales del siglo XVI y principios del XVII que muestran su relación estilística con el arte italiano y Flandes, pues no eran ajenos a los modelos que difundían y que llegaban a España debido a a la situación política y comercial que mantenían. Aunque hasta la fecha no se ha podido aclarar si se trata de piezas importadas o trabajadas siguiendo características de ambas escuelas, sí que es evidente el conocimiento de la técnica y modelos de sus artistas al trabajar estos marfiles, centrándose en ciertos detalles que las hacen ser dignas de ser puestas en valor.



                                                     Autora del texto: Marina Belso.





[1] CORRADO MALTESE (coord.) (2003). Las técnicas artísticas. Madrid: Cátedra, pp. 35-40.
[2] FERNÁNDEZ PARADAS, A. R. (2016). "Preciosismo y refinamiento: la eboraria barroca". En FERNÁNDEZ PARADAS, A. R. (coord.). Escultura Barroca Española. Nuevas lecturas desde los siglos de Oro hasta la sociedad del conocimiento: entre el Barroco y el siglo XXI, vol. I. Málaga: ExLibric.
[3] La problemática del Renacimiento en España y su desarrollo junto a la tradición gótica y el gusto por la representación flamenca ya fue tratado en la anterior entrada de este blog titulada “El san Onofre que quiso ser Moisés: una obra del escultor Juan de Anchieta”. Para ello, se remite de nuevo a NIETO ALCAIDE, V. (1992). “El problema de la asimilación del Renacimiento en España”. En VV. AA. El arte español en épocas de transición. IX Congreso Nacional C.E.H.A. León: Secretariado de publicaciones, pp. 105-115.
[4] FERNÁNDEZ PARADAS, A. R. (2016). "Preciosismo y refinamiento: la eboraria barroca". En FERNÁNDEZ PARADAS, A. R. (coord.). Escultura Barroca... ob. cit. 
[5] LÓPEZ MARTÍNEZ, C. (1932). Notas para la Historia del Arte: desde Martínez Montañés a Pedro Roldán. Sevilla: Tipografía Rodríguez, Giménez, y compañía, p. 228. 
[6] ESTELLA MARCOS, M. M. (1984). La escultura barroca de marfil en España: las escuelas europeas y coloniales, vol. I. Madrid: Instituto Diego Velázquez, p. 12.
[7] La ficha de catálogo correspondiente puede ser consultada en GARCÍA-SAÚCO BELENDEZ, L. G. (1999). Marfiles: eboraria religiosa histórica en la provincia de Albacete [catálogo de exposición]. Albacete: Instituto de estudios albacetentes “Don Juan Manuel”, pp. 40-43.
[8] Idem.
[9] La ficha de catálogo correspondiente puede ser consultada en GARCÍA-SAÚCO BELÉNDEZ, L. G. (1999). Marfiles... ob. cit. pp. 44-47.
[10] ESTELLA MARCOS, M. M. (1984). La escultura barroca... ob. cit. p. 103.
[11] Sus obras conocidas en España han sido estudiadas en ESTELLA MARCOS, M. M. (1984). La escultura barroca de marfil en España: las escuelas europeas y coloniales, vol. II. Madrid: Instituto Diego Velázquez.
[12] Este tema ha sido estudiado en VV.AA. (2016). Francisco Pacheco: teórico, artista, maestro (1564-1644) [catálogo de exposición]. Sevilla: Consejería de Cultura.
[13] PASCUAL, C. y LÓPEZ, E. (1 de diciembre, 2012). "¿Sabes qué soy? Un crucificado de marfil". La Tribuna de Albacete, p. 17.


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