24 de febrero de 2017

El legado escultórico de José Sánchez Lozano en la Semana Santa de Elche.

Virgen del Mayor Dolor, José Sánchez Lozano (1948),
ubicada en la girola de la basílica de Santa María, Elche.

Toda mi ciencia de la escultura, 
toda mi técnica, la empleo pues, 
con gusto, si así logro influir en 
el estado psicológico de un 
pueblo entero.
(José Sánchez Lozano. La Verdad, 02-04-1942)

Buenos días lectores,

  Los momentos previos al inicio de la Guerra Civil española afectaron de manera decisiva al patrimonio artístico y, en el caso de Elche, dichos acontecimientos se dieron en fechas tempranas, comenzando la tarde del 20 de febrero de 1936 con la toma de la iglesia de San Juan Bautista por el bando republicano. Concretamente de este episodio se tiene constancia de un informe destinado al alcalde de la ciudad, en el que se hace constar como posible sospechosa de encabezar el motín a Ginesa Bernad Cascales:

Tengo el honor de poner en su conocimiento que, practicadas las gestiones necesarias según Oficio nº3488, resulta que Ginesa Bernad Cascales es comunista, su esposo es destacado de dicho partido y fue voluntario. Según el carácter de Ginesa, es fácil, hablaba mucho de los rojos y ferviente admiradora de Pasionaria. Cuando había que hacer algún acto perturbador y a favor de los marxistas, ella forma cabeza en las manifestaciones. Es persona muy peligrosa para la causa nacional sindicalista.

 
Estado en el que quedó el presbiterio de la basílica
de Santa María de Elche tras su quema y destrucción.
Foto: www.absolutelche.es
El bando liberal veía a la Iglesia como responsable de la crisis política y económica del país, mostrando su descontento en numerosos artículos publicados en el semanario Germinal, portavoz de la Federación Comarcal de Sindicatos Únicos de la CNT. Así, el malestar aumentó y los asaltos se sucedieron, perjudicando a un total de diez edificios eclesiásticos y al patrimonio artístico que albergaban, además del ataque a otros inmuebles ilicitanos como el Juzgado Municipal, la Acción Cívica de la Mujer, la Cámara de la Propiedad Urbana, entre otros. Consecuentemente, las cofradías de Semana Santa de Elche también se vieron mermadas en muy buena medida, las cuales habían experimentado un gran "despertar" a mediados del XIX, un fenómeno estudiado por el Dr. Alejandro Cañestro en el que se pone de manifiesto el nacimiento de hasta ocho cofradías entre 1852 y 1865, principalmente gracias al creciente poder económico que experimentó la burguesía local y al denominado Neocatolicismo experimentado por la Iglesia en ese momento, es decir, el progresivo abandono de las ideas ilustradas y la vuelta a ciertos valores religiosos que habían sido anteriormente defendidos por el Concilio de Trento, que venían a fortalecer de nuevo a la religión católica tras haber sufrido numerosos ataques sobre todo a raíz de las desamortizaciones.


  Tras los desastres de la Guerra Civil, la Iglesia necesitaba restituir lo antes posible la religión en la sociedad y por ello se comenzaron varios proyectos de reconstrucción de los templos calcinados, se procedió a la reimplantación de la religión católica en la escuela o se llevó a cabo la reestructuración de las cofradías de Semana Santa. En el caso de Elche, estas retomarían sus desfiles y comenzarían a encargar nuevas imágenes, siendo el Cristo Yacente de la cofradía del Santo Sepulcro, obra del valenciano Antonio Riudavest, una de las primeras tallas en ser reemplazada en 1940 por una nueva salida de los talleres de Rafael Peris, uno de los muchos obradores que aparecieron tras la Guerra Civil, como el taller de Arte Cristiano de Olot, que generalmente se servían de moldes para realizar esculturas en pasta de cartón y madera, un sistema al que recurrieron muchas cofradías y parroquias de la provincia alicantina para restablecer con mayor rapidez el patrimonio escultórico y retomar el culto. Pero, sin lugar a dudas, las procesiones ilicitanas del siglo XX retomaron parte del esplendor y teatralidad propios del Barroco dieciochesco gracias a la aportación artística del escultor José Sánchez Lozano.

Sánchez Lozano: la pervivencia de la escuela salzillesca.

 
Joven Sánchez Lozano, década de 1910.
Foto: @escSancheLozano (Perfil de Twitter).
  Si por algo es reconocido el escultor pilareño José Sánchez Lozano (1904-1995) es por haber sido quien mejor supo dilatar en el tiempo la técnica y modelos escultóricos del artista Francisco Salzillo, si bien no se limitaría a copiar los tipos dieciochescos trabajados por el escultor murciano, sino que los reinterpretaría, adecuándolos a los gustos de la demanda del XX. 

  Su formación intelectual y artística llegaría a partir del ingreso en el taller de José Planes Peñalver, con quien partió hacia Madrid en 1917 y cursaría dibujo en la Escuela de Artes y Oficios "La Palma". A ello hay que añadir que asistiría junto con la familia con la que residía, los Sempere, a diversos museos y actos culturales que solían frecuentar, lo que le introdujo en los ambientes culturales madrileños de la época. Su posterior estancia en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos y Bellas Artes de Barcelona, y las distinciones correspondientes que obtuvo por sus máximas calificaciones en diversas materias, en especial las de dibujo, le dieron la oportunidad de disfrutar de una Bolsa de estudio y viaje para visitar las principales ciudades y, de esta manera, poder aprender de primera mano las obras y artistas más prolíficos que trabajaron en España.

  Pero quizá el punto de inflexión de su carrera llegaría en 1928, con el encargo de una copia de la Dolorosa de Salzillo de la Cofradía de Jesús, para el Duque de Tovar, que le hará trasladarse a la capital murciana y, de esta manera, se animaría a estudiar meticulosamente la obra de Francisco Salzillo principalmente, además de otros artistas anteriores e inmediatamente posteriores a este, como Nicolás de Bussy o Roque López. Precisamente Sánchez Lozano sería el encargado de revitalizar las imágenes de la escuela salzillesca y otras que se vieron afectadas por los desastres de la Guerra Civil, procediendo a la restauración de obras como el Cristo de la Sangre de Nicolás de Bussy, el Nazareno de Orihuela de Maximo Buchi, así como infinidad de obras de Francisco Salzillo, realizando tanto restauraciones como copias de las mismas, caso de la Inmaculada Concepción del camarín de la iglesia de la Merced de Murcia o la imagen del Berrugo que acompañaba al paso del Pretorio de la Archicofradía de los Coloraos. Su facilidad para adaptarse al estilo de Salzillo, que influyó decisivamente en su manera de concebir la escultura, le permitió ser requerido más allá de la capital murciana (Albacete, Alicante o Almería, principalmente) y ser reconocido por la calidad de sus réplicas así como por la belleza y realismo emotivo con el que las realizaba.

 
Ecce Homo, José Sánchez Lozano (1945),
conservado en la iglesia del Salvador, Elche.
  Por lo que respecta a las obras realizadas para Elche, se sabe que fue Juan Orts Román, escritor, humanista y gran conocedor de la Festa, quien actuó de mediador de los encargos requeridos por los gremios a los que estaban vinculadas varias cofradías que querían restituir sus perdidas imágenes. Ejemplo del buen trato que mantenía y la admiración que le profesaba se ve en la correspondencia que mantuvo con el escultor pilareño, en la época en la que Orts Román ejercía de gerente en la fábrica de harina de su suegro Andrés Serrano en Orihuela. Así, la primera obra de la que se tiene constancia es la del Ecce Homo, realizada para el gremio de panaderos hacia 1945 para sustituir la perdida talla atribuida hasta el momento a Nicolás de Bussy:

Querido y admirado amigo... desde luego, ya he comunicado a mis amigos, los Panaderos ilicitanos, el enorme favor nos hace Ud. a todos... La cuantía del importe de esta delicada faena, nosotros se la abonaremos a Ud. Y tan pronto esté en condiciones la escultura, Ud. nos pone unas letras aquí mismo é iremos por ella. Desde luego se cuenta con la capa para el Cristo; deberá Ud., por tanto, ponerle también, aparte de los pies, la corona de espinas; y todo aquello que crea Ud. conveniente... Con que... manos a la obra D. José. ¡Y vamos con los Panaderos! Hoy es gremio de mucho porvenir. No le quepa duda. Sepa Ud. que le estima, tanto como le admira, que es mucho, su invariable amigo. (Carta 1944-03-02. Orihuela).

  Pocos meses después, Orts Román le hace constar al escultor la intención de la cofradía de la Samaritana de contar con él, para llevar a cabo la reposición del perdido grupo escultórico del valenciano Francisco Pérez Figueroa:

...Desde luego, los Panaderos han optado DECIDIDAMENTE por que haga Ud. el paso, como dijimos, y en arreglo al presupuesto de las 15.000, que Ud. dijo. Ya sabrá algo de los sayones, supongo. Y en cuanto, a lo de la Samaritana, cuente Ud. que, también, se lo darán. Ahora es que estamos en verano y los cuerpos se aflojan de estusiasmo, pero me dijeron que, seguramente habrá de hacer Ud. ambas cosas. (Carta 1944-06-17. Orihuela).


Jesús y la mujer samaritana, José Sánchez Lozano (1954),
iglesia de San Juan Bautista, Elche. Foto: Foro Semana Santa
de Murcia.
  ...He recibido carta de mis amigos de Elche, de la Cofradía de la Samaritana; y me dicen que me diga Ud. el precio de las dos figuras del paso (claro que iguales a las de Cartagena y para vestir) y, que a ser posible, me mande alguna fotografía de ellas... Es posible que, quizás, le escriban ellos mismos desde Elche, porque por mi estado no me quieren molestar. Yo me alegraría en el alma de que se quedase otra cosa suya en Elche con esto. No se olvide el ECCE HOMO, que los Panaderos están ilusionados y pagando religiosamente. (Carta 1944-11-13. Orihuela).


San Juan y la Virgen, José Sánchez Lozano (1948), basílica de Santa María, Elche.
Foto: www.elchediario.com
  
Virgen del Mayor Dolor,
José Sánchez Lozano (1948).
Basílica de Santa María, Elche (detalle).
Foto: 
  De esta manera, la cofradía del Ecce Homo serviría de ejemplo para que, posteriormente, otras tres cofradías confiaran en el trabajo de José Sánchez Lozano: la cofradía de la Samaritana, la cofradía de la Virgen del Mayor Dolor y san Juan Evangelista en 1948, que querían sustituir las imágenes perdidas de Francisco Pérez Figueroa y la cofradía de la Caída en 1953. En estos nuevos encargos, el escultor pilareño plasmaría toda la influencia salzillesca aprendida en Murcia, retornando a la expresividad barroca pero desde la óptica del siglo XX, utilizando facciones más dulcificadas pero siempre "sacrificando su propia personalidad artística a favor del maestro", en palabras de Carlos Valcárcel.

  Estas tallas son de bulto redondo, tamaño natural y de vestir (a excepción del Ecce Homo) que vienen a representar los pasajes bíblicos clave de la vida de Jesús: en el momento de ser presentado al pueblo por Poncio Pilatos y durante la subida al monte Calvario abrazado a su cruz. Por su parte, las otras dos cofradías para las que trabajó el escultor optaron por representar el momento en el que san Juan le está indicando a la Virgen el camino por el que se dirigía su hijo portando el madero y el momento en el que la mujer samaritana está conversando con Jesús, un pasaje evangélico poco usual en las procesiones de España pero de gran tradición popular en el Levante. En todas estas imágenes se repiten rasgos procedentes de la escuela salzillesca: gestos y miradas cándidas en comunicación con el espectador, utilización de los tipos de mujer de la huerta murciana, la barba y el cabello partidos, tratamiento anatómico que muestra sus altos conocimientos en el cuerpo humano y buenas policromías que persiguen el realismo conseguido por el taller de Francisco Salzillo: "a parte del brío en el  modelado y la perfección en sus detalles, merece destacar la especial atención a su extraordinaria policromía, con la que infundía a las imágenes de ese realismo patético acentuado, propio de las imágenes pasionistas del siglo XVIII" como apunta Bonmatí Alonso.

Ntro. Padre Jesús de la Caída,
José Sánchez Lozano (1953).
Iglesia de San José, Elche.
  Por todo ello, estas obras son ejemplo de la predisposición de las cofradías por reconfigurar  las procesiones ilicitanas y devolverles la variedad y esplendor que habían adquirido con el tiempo, sobre todo a mediados del siglo XIX, confiando en la gubia del pilareño José Sánchez Lozano para revitalizar estos desfiles pasionales, con imágenes claramente adscritas a la escuela salzillesca, retornando a la tradición barroca dieciochesca en pleno siglo XX.








Autora del texto: Marina Belso.




BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA:

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- LÓPEZ GUILLAMÓN, I. (1990). José Sánchez Lozano o la continuidad de la imaginería murciana: una aproximación a su obra. Murcia: Eugenio Moya Rebollo.
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