23 de agosto de 2016

A propósito de El Bosco: comentario de una exposición.





  Buenos días, lectores:

  Una de las muestras de arte más esperadas de este 2016 ha sido El Bosco: La exposición del V centenario, inaugurada el 31 de mayo en el Museo del Prado de Madrid y que permanecerá expuesta hasta el próximo 11 de septiembre. La importancia de su realización podría centrarse, principalmente, en haber sido la primera vez en la historia en la que se han reunido el mayor número de obras de El Bosco bajo un mismo techo, a lo que habría que sumar la importante y necesaria labor de restauración de las tablas que ha permitido realizar estudios a nivel técnico y analítico, lo que ha contribuido a conocer mejor al artista y su pintura. Por ello, en el siguiente post se pretende hacer un recorrido por dicha muestra, incidiendo en las piezas que más interés han despertado, sin olvidar el importante papel que ha desempeñado el montaje del propio discurso expositivo. Pero antes de entrar en materia, sería interesante comenzar con una pequeña introducción que trate, brevemente, la figura del artista.

Grabado en el que aparece retratado Jheronimus
van Aken, El Bosco, realizado por Cornelis Cort
hacia 1565 a buril (British Museum, Londres).
 Dicho grabado forma parte de
 la actual exposición temporal organizada 
por el Museo del Prado (Madrid). Imagen 
extraída de Wikipedia.
  
  Jheronimus van Aken ( h. 1450-1516), más conocido como El Bosco, nació en 's-Hertogenbosch, al norte del ducado de Brabante (actual Holanda). Descendiente de familia de pintores, se formaría junto a su padre en el taller familiar, con quien aparecerá vinculado por primera vez realizando un retablo para la cofradía de Nuestra Señora hacia 1475. Su fama ya sería reconocida en vida por la alta clase social gracias a la gran invención creativa y la originalidad de su estilo, el cual sería posteriormente seguido por artistas que copiaron e imitaron sus peculiares composiciones, sin olvidar aquellos que llegaron a falsificar algunas de sus obras, como bien apuntaba Felipe de Guevara. Tanto es así que incluso a finales del siglo XIX y principios del XX, artistas del movimiento surrealista encontrarían en las pinturas de El Bosco un modelo a seguir, convirtiéndose así en un verdadero icono del Arte.

  La presencia de varias obras del artista en el territorio español se debe principalmente al monarca Felipe II, quien comenzó encargándole un Juicio Final, posiblemente un tríptico, hoy desaparecido. Llegaría a reunir un gran número de obras del artista, si bien la mayoría que se conservan actualmente son las que mandó llevar al monasterio de San Lorenzo del Escorial. El mismo rey llegaría a afirmar que si todos pintaban a los hombres como querían ser, él (El Bosco) los pintaba como eran y esto mismo es una de las características que más llamarían la atención del monarca español, puesto que el imaginario de El Bosco es rico, curioso y original, lo que demuestra la enorme capacidad creativa del artista. Sin embargo, el contenido de sus obras en ocasiones muestra una lectura complicada debido en gran parte a que se desconocen muchas claves iconográficas que el artista utiliza en sus cuadros y que estarían relacionadas con las costumbres y creencias de la población de su tiempo.

Conmemoración de su V centenario.


  Para celebrar los 500 años de la muerte del artista en cuestión, el Museo del Prado le ha dedicado una exposición de carácter monográfico que viene a secundar la muestra organizada en el Noordbrabants Museum 's-Hertogenbosch llamada Bosch. Visions of Genius a principios de año, en la cual no figuró el archiconocido Jardín de las Delicias, debido a su fragilidad para ser transportado, además de otras tablas que sólo han sido prestadas expresamente para la exposición del museo madrileño.

  El Bosco. La exposición del V centenario posee un discurso expositivo dividido en 7 secciones, 6 de ellas relacionadas con las temáticas que más trabajó el artista en sus tablas, desarrollándose a través de una sala continua y configurada de manera serpenteante, dominada por paredes blancas que enfocan la mirada del visitante en los cuadros de colores vibrantes y definidas figuras. Además, la presentación de sus trípticos exentos sobre plataformas ovaladas permite obtener por primera vez una visión más completa del anverso y reverso de estas obras. La inclusión de otras obras vinculadas a su taller o a seguidores del artista no pretende otra cosa que evidenciar la impronta artística que dejó El Bosco y la importancia que llegaría a adquirir su estilo pictórico.



Mercado de telas en 's-Hertogenbosch
(h. 1530). Anónimo flamenco,
Noordbrabants Museum 's-Hertogenbosch.
Imagen extraída de Wikipedia.
 La muestra comienza con El Bosco y 's-Hertogenbosch, apartado en el que se sitúa al artista en su contexto histórico utilizando como punto de partida la obra anónima Mercado de telas en 's-Hertogenbosch, una pieza que acerca al espectador al escenario en el que El Bosco creció, sirviendo tanto de ejemplo pictórico que representa las costumbres y oficios del momento y la prosperidad de la que gozaba la ciudad en esos momentos, como de pretexto para introducir una escena religiosa, puesto que aparece, en un ambiente cotidiano, San Francisco repartiendo telas entre los pobres en primer plano, un recurso frecuentemente utilizado en la pintura. De esta primera sección pueden destacarse dos tableros que pertenecieron al retablo de talla que la cofradía de Nuestra Señora de la iglesia de San Juan encargó al escultor Adriaen van Wesel, cuyo diseño fue aprobado por una comisión en la que figuraba el padre del Bosco, sus hermanos y él mismo. También es importante aludir a la presencia del manuscrito de Felipe de Guevara Comentario de la pintura y pintores antiguos escrito a mediados del siglo XVI, en el que figuran las primeras críticas dirigidas al pintor en cuestión, alabando su extraordinaria capacidad para pintar imitando del natural. Debe apuntarse que Felipe de Guevara, además de chambelán en la Corte, fue un destacado coleccionista que heredó El carro de heno de El Bosco, obra que sus descendientes acabarían vendiendo al monarca Felipe II. Por lo tanto, este testimonio documental afirma la fama que ya entonces poseía el artista.

  La sección Infancia y vida pública de Cristo se centra en el tríptico del Prado La Adoración de los Magos, sufragado por los donantes Peeter Scheyfve y Agneese de Gramme y en cuyo reverso muestra la Misa de san Gregorio en semigrisalla. La inclusión de escenas del Antiguo Testamento en la indumentaria y diversas ofrendas de los Reyes Magos pone de manifiesto el regreso a las antiguas fuentes bíblicas que prefiguran el Nuevo Testamento. En esta obra es curiosa la representación de san José, apartado de la escena principal (se encuentra en la tabla izquierda y no en la central) y representado secando los pañales del niño Jesús.

Detalle de San José en el panel izquierdo del tríptico La adoración de los Magos de El Bosco,
perteneciente a la colección del Museo del Prado de Madrid (h. 1494).
Imagen extraída de Revista Mito, publicación de Alegra García García.

  Una estampa que aparece en la exposición casi desapercibida es Ornamento con hojas de cardo, realizada por Alart du Hameel hacia 1490 y que, con seguridad, El Bosco se serviría de ella para realizar la decoración exótica de la indumentaria del rey Baltasar que aparece en el tríptico de La Adoración del Prado.

          
 
 Detalle de la indumentaria
del rey mago Baltasar, perteneciente
al tríptico La Adoración
de los Magos
del Museo del Prado
de Madrid, realizado por El Bosco
hacia 1494.
Imagen extraída de la Web Oficial
del Museo del Prado.
Ornamento con hojas de cardo, grabado
realizado por Alart du Hameel (h. 1490).
Kupferstich-Kabinett, Staatliche
Kunstsammlungen Dresden (Dresde).
Imagen extraída de la web Codart.









  Uno de los temas más repetidos por el artista es la representación de hagiografías, una práctica muy común en tiempos de El Bosco. La cultura popular se amparaba en los santos para protegerse de destrucciones o epidemias, aunque también se les requería para que actuaran de intercesores frente a Dios, por ello el encargo de obras a artistas que representaban a un santo patrón de una familia o una ciudad era considerado como una manera de honrar y venerar a dicho santo para que este les protegiera de todo mal. La exposición ha dedicado una sección denominada Los Santos a una serie de obras que se conservan, en las que domina el tema dedicado a la vida de San Antonio Abad, más concretamente a la representación de sus Tentaciones. De las obras que aparecen en esta parte de la exposición, es interesante destacar el tríptico de Las tentaciones de san Antonio Abad prestado por
Anverso de Bocetos para unas Tentaciones de San Antonio,
realizados por El Bosco entre 1495 y 1505.
Musée du Louvre (París). Imagen extraída de Wahooart.
La hoja posee diversos monstruos y un jinete con lanza cabalgando
sobre un dragón en el reverso, vista que no ha sido posible
proporcionar en este post.
el Museo Nacional de Arte Antiga de Lisboa, cuyos fondos ya vaticinan la capacidad inventiva del artista, y al que le acompañan otras obras dedicadas a este y otros santos, entre las que figuran unos bocetos procedentes del Museo del Louvre que llegarían a utilizarse como dibujos preparatorios para una de las versiones de sus Tentaciones. Cabe mencionar también el conocido San Juan Evangelista en meditación del Museo Lázaro Galdiano de Madrid, cuyo estudio con reflectografía infrarroja ha podido mostrar al público el secreto que se oculta tras la mandrágora que aparece al lado del santo: una figura en actitud orante que posiblemente fuera el comitente de la obra. La utilización de esta planta en el cuadro ha adquirido a lo largo de la historia diferentes interpretaciones, como la que apunta Agust Vermeilen, quien la vincula con la lujuria y facultades demoníacas propias de la Edad Media, o la de Wilhlem Fraenger, que hace referencia al pasaje de Isaías 51, 1-3, relacionado con la Resurrección de Cristo.

  En la muestra también se expone el tríptico dedicado a Job, procedente del Musea Brugge (Brujas), obra de un seguidor de El Bosco, en el que aparecen tres santos: san Antonio Abad, Job y san Jerónimo penitente, sirviendo como ejemplo de superación de las tentaciones del mal utilizando como defensa la fe en la religión cristiana. El tratamiento de los fondos y diversas figuras tienen estrecha relación con el imaginario de El Bosco, por lo que posiblemente este seguidor habría podido tener acceso a dibujos del artista.
Tríptico de Job, realizado por un seguidor de El Bosco
entre 1510-1515. Musea Brugge (Brujas). Imagen extraída de la Web Oficial del Museo del Prado.
  
 
Tabla de La Ascensión al Empíreo
perteneciente al grupo Visiones del
Más Allá
, realizado por El Bosco
entre 1505-1515.
Galería de la Academia (Venecia).
Imagen extraída de Wikipedia.
La producción más llamativa del artista aparece en la sección Del Paraíso al Infierno, la cual queda presidida por el conocido Carro de heno, un tríptico en el que por primera vez el artista propone en el centro de la composición una escena en la que se muestra a todos los hombres, independientemente de la clase social a la que pertenecen, dejándose llevar por el deseo de bienes materiales y efímeros, lo que otorga al tríptico un mensaje moralizante para el espectador, esto es, evitar los lujos innecesarios. Otra de las obras de este apartado procedente de Viena es Visiones del Más Allá, una original composición de 4 tablas (cuyo comitente o posterior comprador pudo ser el cardenal veneciano Domenico Grimani, hacia 1521) que muestran la crueldad del Averno y el deseado Paraíso, destacando la tabla La Ascensión al Empíreo, en la que se muestra el camino que las almas de los bienaventurados toman hacia un túnel de luz divina que les conducirá al Paraíso.

  En la siguiente sección El jardín de las Delicias, aparece el cuadro más emblemático, reproducido y conocido del artista, considerado una de las obras maestras que el Museo del Prado tiene expuesta en su colección permanente. Pero aquí la novedad reside en la muestra de las reflectografías y radiografías realizadas al tríptico, que desvelan detalles que a simple vista no podrían ser percibidos. Gracias a este estudio se ha podido conocer las rectificaciones y modificaciones de paisaje que realizó el artista en frutas y diversas figuras que con el resultado final acabaron ocultas. Así quedó explicado en uno de los documentales producidos para la exposición:

Detalle del Dios Padre del Jardín de las delicias.
Reflectografía infrarroja en la que se aprecian
dos rostros superpuestos.
El dibujo subyacente fue realizado con pincel y a mano alzada sobre la preparación blanca. Muestra los trazos característicos de El Bosco, como se aprecia en los rostros, cuyos rasgos se definen con apenas tres líneas para ojos y nariz. El dibujo del Paraíso ha sufrido cambios importantes: Adán, Eva y Dios Padre, situados inicialmente en el medio de la escena, se desplazaron hacia abajo. Dios Padre, primero barbado y dirigiéndose a Adán, se representó luego con apariencia de Cristo y mirando hacia el espectador. Más relevantes aún son las modificaciones que muestra el Jardín: la pareja en la cueva -en el ángulo inferior derecho- y el grupo de mujeres y hombres a su lado -uno de ellos negro-; el jinete que rompe el círculo en torno al estanque y, sobre todo, la falsa fuente de los Cuatros Ríos, al fondo, en el centro.


  Acompañan a este tríptico el retrato de su comitente, Engelbert II de Nassau, procedente del Rijkmusum de Amsterdam, su Libro de las Horas, del Maestro de Viena de María de Borgoña de la Bodleian Library de Oxford, así como el Hombre-árbol que El Bosco realizó a pluma con tinta parda a principios del siglo XVI y que se conserva en la Albertina (Viena). Esta representación es de las más conocidas de este artista, quien la utilizó para la tabla dedicada al Averno en El Jardín de las Delicias. En esta composición, en el interior del hueco del cuerpo ovoide aparece una escena de taberna, y la cabeza que aparece junto al mismo cuerpo ha llegado a ser interpretada como un autorretrato.

El hombre-árbol, realizado por El Bosco (h. 1500-1510). Tinta parda a pluma.
Albertina (Viena).
La extracción de la piedra de la locura,
realizada por El Bosco entre 1501 y 1505.
Museo del Padro (Madrid).
  La obra central de la parte El mundo y el hombre: Pecados Capitales y obras profanas es la conocida Mesa de los Pecados Capitales, de gran trasfondo moralizante. A esta obra le acompañan los fragmentos del tríptico Camino de la Vida, cuyas tablas se encuentran depositadas en los museos de Rotterdam, París, Nueva York y Washington, o también la curiosa representación de La extracción de la piedra de la locura, una interpretación ambigua que se ha querido ver como una "crítica a los charlatanes que robaban en el dinero a los necios haciéndoles creer que podían extirparles la "piedra de la locura". En la obra se muestra un hombre haciéndose pasar por cirujano que simula extraer de la cabeza del paciente una variedad de nenúfar a la que se le otorgaban connotaciones sexuales. Alrededor del tondo en el que aparece la escena, se muestran letras góticas doradas sobre fondo negro en las que se dice "Maestro, quítame pronto esta piedra" y "Mi nombre es Lubbert Das". 

Detalle de La extracción de la piedra de la locura.
Ecce Homo. Realizado por El Bosco
entre 1485 y 1495 aproximadamente.
Städel Museum (Frankfort).
  Y completa el recorrido la sección dedicada a La Pasión de Cristo, en la que se puede destacar el Ecce Homo que se conserva en Städel Museum de Frankfurt en el que aparece Jesucristo presentado por Pilatos ante un grupo de personas alzadas en armas que piden a gritos su crucifixión. Al fondo, en una de las torres, aparece una bandera turca en alusión a los enemigos de Cristo: el Islam. Los motivos típicos demoníacos de El Bosco se repiten en estas obras dedicadas a la Pasión, y en este caso son: la lechuza en la ventana que se encuentra detrás de la figura de Pilatos o el gran sapo en el escudo de uno de los soldados. Llama la atención, en primer plano, la representación de los donantes de la obra, que fueron posteriormente repintados. También es importante señalar la presencia del tríptico con escenas de la Pasión, propiedad del Museo de Bellas Artes de Valencia, una obra del taller de El Bosco fechada entre 1520-1530 que fue propiedad de doña Mencía de Mendoza , quien contrajo matrimonio con el conde Hendrik III de Nassau, propietario del Jardín de las Delicias. En esta obra monumental se representa la Coronación de Espinas, el Prendimiento y la Flagelación, en las cuales el gesto de Cristo es muy sereno, en contraposición con la agitación y violencia de las demás figuras secundarias sobre fondo dorado y enmarcadas por la lucha y caída de los ángeles rebeldes, realizados en grisalla. Finalmente, cierra el ciclo pictórico una de las obras que más pasa desapercibida en la exposición y que merece una especial mención por su sencillez y calidad: El entierro de Cristo, un dibujo preparatorio atribuido a El Bosco en el que aparece el cuerpo inerte de Cristo colocado sobre un sudario y rodeado de los personajes que le acompañan en esta escena de Pasión. Esta representación sería muy utilizada por artistas españoles, especialmente escultores como Pedro Millán, Juan de Juni o Pedro Roldán, entre otros. (De esta última obra no ha sido posible incluir una fotografía en el post).
Tríptico con escenas de la Pasión de Cristo, obra de taller o discípulo directo de El Bosco
Realizado hacia 1520-1530. Museo de Bellas Artes (Valencia).
  Así, el Museo del Prado ha puesto a la disposición de los interesados una innovadora y completa exposición en la que se han conseguido reunir no sólo las obras capitales del artista, sino también varios bocetos preparatorios. Debido a la gran cantidad de visitantes nacionales y extranjeros que no han querido perderse la ocasión de ver esta exposición, han tenido que ampliar el horario 2 horas al día el período de visitas. Desde estas líneas animo a aprovechar las últimas semanas que quedan para poder disfrutar de un interesante recorrido por la vida y obra de uno de los mayores y controvertidos artistas que ha habido en la historia del Arte.



Autora del texto: Marina Belso.




  BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA:


  Aunque la finalidad de este post no ha sido realizar un análisis propiamente dicho de las obras artísticas que se encuentran en la exposición, dejo a vuestra disposición una pequeña lista de las publicaciones relacionadas con El Bosco:

- CINOTTI, M. (1966): La obra pictórica completa de El Bosco. Barcelona: Noguer.
- GARRIDO, C. y VAN SCHOUTE, R. (2001): El Bosco en el Museo del Prado. Estudio técnico. Madrid: Museo Nacional del Prado. 
- MATEO GÓMEZ, I. (1991): El Bosco en España. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
- MATEO GÓMEZ, I. (2003): El Jardín de las Delicias y sus fuentes. Madrid: Fundación de apoyo a la Historia del Arte Hispánico. 
- YARZA LUACES, J. (1998): El jardín de las Delicias de El Bosco. Madrid: TF Editores.
- SILVA MAROTO, M. P. (coord.) (2016): El Bosco. La exposición del V Centenario. Madrid: Museo Nacional del Prado.
- VV.AA (2006): El Bosco y la tradición pictórica de lo fantástico. Madrid: Fundación Amigos del Museo del Prado.



Para cualquier duda o sugerencia podéis escribir a la dirección de correo electrónico que se facilita en el margen derecho de esta página.