29 de julio de 2016

Francisco Vergara Bartual: un valenciano por Roma.

   
Detalle del ángel que acompaña a la imagen de San Pedro de Alcántara de
la basílica de San Pedro del Vaticano,
obra de Francisco Vergara Bartual (1750-1753). 



   Estimados lectores:

  Para inaugurar este espacio dedicado al arte, me gustaría comenzar por una de las obras que más interés me despertó en estos últimos meses. Ella es el San Pedro de Alcántara que se encuentra en la basílica de San Pedro del Vaticano en Roma. Al respecto debo decir que pese a sus dimensiones y calidad escultórica, es una de las obras que más pasan desapercibidas dentro del conjunto arquitectónico y decorativo de la basílica, cuyos grandes atractivos por excelencia son la famosa Piedad de Miguel Ángel y el monumental Baldaquino de Bernini. A ello habría que añadir que gran parte de los visitantes que a diario deambulan por las naves de la basílica desconocen que esta escultura fue realizada por un valenciano, detalle que me resultó muy llamativo y me animó a conocer un poco más la obra y el artista que la llevó a cabo: Francisco Vergara Bartual.


  Miembro de una de las estirpes de artistas más importantes de la ciudad de Valencia en el siglo XVIII -era primo de los célebres José e Ignacio Vergara-, sus primeros pasos en el mundo del arte los dio, como era lo común en su tiempo, dentro del propio taller familiar, lo que le serviría como base para el posterior desarrollo de su producción artística. Así, junto a su padre Manuel Vergara y su tío Francisco (el denominado "el Mayor"), aprendería desde pequeño el proceso artesanal que genera una obra, adquiriendo la destreza adecuada para presentarse con 17 años al examen para conseguir el título de maestro, realizando "un Niño de Gloria" con su peana. Sin embargo, la inquietud y afán de superación llevaron a Francisco Vergara el Joven por un camino distinto al impuesto por la rígida normativa de los gremios valencianos tradicionales. 

  Las reformas del Palacio Real de Madrid supusieron una empresa artística de gran trascendencia en el territorio español, en el que lo escultórico tomó gran protagonismo dentro del programa decorativo en el que intervinieron numerosos artífices. Así, con la reorganización del taller de escultura del Palacio, al frente del cual se encontraban el artista italiano Giovan Domenico Olivieri y el español Felipe de Castro, se decidió la contratación de nuevos escultores que se encontraran entre los más acreditados del país y, para ello se solicitó en 1743 a los corregidores de las provincias que informasen sobre aquellos artistas de gran habilidad que pudiesen ser aptos para tal empresa, entre los que figuraban el sevillano Pedro Duque Cornejo o el murciano Francisco Salzillo. En el caso del escultor que nos ocupa, quien presentaría su solicitud para colaborar en el Palacio atraído por la magnitud del proyecto real, se le exigió que aportase pruebas para demostrar su habilidad en las artes escultóricas, un trámite que, lejos de ser una excepción, pretendía dar a conocer el trabajo de ciertos artistas de los que no se disponían referencias claras sobre su trabajo. El propio escultor dice presentar:

dibujos de su mano por el natural, y modelos de barro imbentados por el Suplicante... [el escultor] Se ha empleado desde sus primeros años en el arte de Escultura, así en casa de su padre, también Profesor de ella en la ciudad de Valencia, como en la Corte de Madrid, adonde pasó a estudiar con motivo de la fábrica del RI. Palacio, que se está executando. y Academia formada de orden de V. M. para Pintores y Estatuarios al govierno de En. Domingo Olivery, quien podra informar de la aplicación y desvelos del suplicante por haver asistido a ella, desde que llegó a la Villa de Madrid con incesantes desvelos.

  Tras obtener una respuesta afirmativa, fue examinado por Olivieri siguiendo la orden expedida por el rey Felipe V:

Le mande hacer uno o dos modelos de barro o Yeso, a elección del mismo Dn. Domingo, dejando a Bergara en libertad absoluta, para que después de recibida la idea de Olivieri trabaje el pretendiente sobre sus propias lineas, y Estudio, sin que reciva enseñanza, ni advertencia de Olivieri, ni de otro Profesor, ni menos consienta que persona alguna ponga la mano en la execución de estos Modelos. Y que luego que esten fenecidos, el mismo Olivieri los vea, censure, y exponga por escrito, explicando, si este pretendiente merece lo que solicita, y en que grado, y con que sueldo se le debrá admitir, en caso que lo tubiere por digno.

  Llama la atención que la iniciativa para su admisión partiera del propio monarca, un hecho que podría poner de relieve el interés del mismo por este escultor valenciano, que había sido uno de los primeros alumnos de la academia de Olivieri. No es extraño pensar que el rey tuviera en cuenta que el joven Vergara se hubiese formado bajo las enseñanzas de uno de sus más predilectos artistas, reconociendo así su notable valía artística y docente.

  Sin embargo, el trabajo del valenciano no será debidamente reconocido hasta su llegada a Roma, cuando en 1745 se le concede una beca para ampliar sus conocimientos artísticos fuera del territorio español, una práctica que hacia 1758 se regularizó mediante normas establecidas por la Academia de San Fernando. De esta manera, el joven Vergara arribaría a Roma para entrar en contacto con el florentino Filippo della Valle, quien se convertiría en su maestro y protector, cuyos contactos le serviría de eslabón para presentar una solicitud de admisión en la prestigiosa Academia de San Lucas, en la que presentó un modelo en el que aparecía una figura de David llevando en sus manos la cabeza del gigante Goliat. Su evolución artística, junto con su creciente prestigio social, le llevaron a ser designado como uno de los directores mensuales de la Academia de Desnudo del Campidoglio -institución creada bajo la protección pontificia-, nombramiento que refleja el nivel de popularidad que alcanzó Francisco Vergara Bartual en la ciudad de Roma.



Imagen completa de San Pedro de Alcántara de
la basílica de San Pedro del Vaticano, obra de Vergara Bartual (1750-1753).


Dibujo a pluma. Anónimo conservado en
 la Biblioteca Nacional de España,
fechado entre 1750-1759.
  En 1750 es elegido mediante concurso para la realización de la escultura en mármol de Carrara de San Pedro de Alcántara para una de las hornacinas ubicadas a los pies de la nave central de la basílica, en la que iban a estar destinadas las esculturas de los fundadores de las órdenes y congregaciones. La obra constituye un gran ejemplo de la impronta de este artista: el santo no aparece portando una pluma y un libro -en alusión al Tratado de Oración y Meditación que escribió-, como puede observarse en el dibujo conservado en la Biblioteca Nacional de España, también datado en el siglo XVIII y que Alfonso Pérez Sánchez relaciona directamente con la escultura del joven Vergara. Pero en esta ocasión, el escultor sitúa al santo abrazando un madero y acompañado por un ángel de reducidas proporciones.


  Andrés Ordax proporciona una acertada descripción de la imagen:

El santo aparece, según corresponde a la estatuaria de los nichos, en pie, en actitud de ensimismarse ante un cruz, a la que abraza con su diestra mientras extiende asombrado el brazo izquierdo. El tipo corresponde a la iconografía consolidada, con hábito de alcantarino, remendado, manto corto sujeto con trabilla, rosario colgado en la cintura ceñida por el cordón franciscano, cuyo extremo cuelga  a su derecha. Está descalzo, la figura es esbelta, sin barba, muy enjuto, manos huesudas, cabeza característica de amplia calva, con delgadez que hace resaltar su nariz, cejas, barbilla y pómulos, y los ojos y la boca rehundidos. La cruz, alta, es sencilla, formada con dos troncos sin desbastar.
A un lado del pie, entre la base de la imagen y la del pedestal, está un ángel mancebo, de amplias alas, cuya actitud animada contrasta con el ensimismamiento del santo. Su mano izquierda está vuelta hacia atrás para tocar y sujetar la cruz, al tiempo que la derecha señala el lado contrario del pedestal donde están las ‘arma’ del santo, los instrumentos de su penitencia, unas disciplinas, la calavera y el libro. Mira hacia el espectador que en el centro de la nave puede contemplarle, introduciéndole en el tema representado, los merecimientos penitenciales del asceta.


 
Detalle de San Pedro de Alcántara de la
basílica de San Pedro del Vaticano,
obra de Vergara Bartual (1750-1753).





  Así, el San Pedro de Alcántara puede considerarse como un ejemplo de la importancia que llegó a adquirir Francisco Vergara Bartual más allá de las fronteras del territorio español, y, por ello, no haber sido consecuentemente valorado y estudiado en su tierra natal, siendo su primo Ignacio Vergara el escultor que más destacó de su familia en el panorama valenciano del siglo XVIII.




Autora del texto: Marina Belso.




BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA:


- ALBARRÁN MARTÍN, V. (2008): "Se buscan escultores para el nuevo Palacio Real de Madrid". BSAA Arte, nº 74. Valladolid: Universidad de Valladolid, pp. 203-218.
- BARRIO MOYA, J. L. (1988): "El escultor valenciano Francisco Vergara Bartual y sus obras en la catedral de Cuenca". Archivo de Arte valenciano, nº 69. Valencia: Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, pp. 106-115.
- BELDA NAVARRO, C (1994): "Francisco Vergara y la Academia de San Lucas de Roma". Ars Longa: cuadernos de arte, nº 5. Valencia: Departamento de Historia del Arte, Universidad de Valencia, pp. 139, 146.
- FERRI CHULIO, A. S. (1997): El escultor Francisco Vergara Bartual (L' Alcúdia, 1713 - Roma, 1761). L'Alcúdia: Ajuntament.
- FERRI CHULIO, A. S. (2004): Imaginería europea de San Pedro de Alcántara. Valencia: A. de S. Ferri Chulio.
- FERRI CHULIO, A. S. (2015): Los dibujos de Francisco Vergara Bartual. Valencia: Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.
- IGUAL ÚBEDA, A. (1968): Escultores valencianos del siglo XVIII en Madrid. Valencia: Servicio de Estudios artísticos Institución Alfonso el Magnánimo.
- IGUAL ÚBEDA, A. y MOROTE CHAPA, F. (1945): Obras de escultores valencianos del siglo XVIII: ensayo de una colección documental. Castellón: Sociedad castellonense de Cultura.
- TÁRRAGA BALDÓ, M. L. (1989): "Examen de Francisco Vergara Bartual para escultor del taller real". Archivo español de Arte, t. 62, nº 245. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pp. 84-86.
- ORDAX, S. A. (2000): "Observaciones en torno a la iconografía de San Pedro de Alcántara. La caracterización del grabador Luca Ciamberlano". En PELÁEZ DEL ROSAL, M. (dir.) El franciscanismo en Andalucía: conferencias del IV Curso de Verano San Francisco en la cultura andaluza hispanoamericana (Priego de Córdoba, 30 de julio a 8 de agosto de 1998). Córdoba: Obra social y cultural Cajasur, pp. 189-204.
- ORDAX, S. A. (2002): Arte e iconografía de San Pedro de Alcántara. Ávila: Institucíon Gran Duque de Alba.
- ORELLANA MOCHOLÍ, M. A. (1967): Biografía pictórica valentina o vida de los pintores, arquitectos, escultores y grabadores valencianos: obra filológica. Valencia: Ayuntamiento. [Ed. facsímil].
- RUIZ DE LIHORY Y PARDINES, José, Barón de Alcahalí y de Mosquera (1897): Diccionario biográfico de artistas valencianos. Valencia: Imprenta Federico Domenech.
- URREA FERNÁNDEZ, J. (1997-1998): "Francisco Vergara en Roma". Boletín del Museo Nacional de Escultura, nº 2, pp. 17-28.
- URREA FERNÁNDEZ, J. (2005): "El marco de las relaciones artísticas hispano-romanas en el siglo XVIII". En CABAÑAS BRAVO, M. (dir.), El arte foráneo en España: presencia e influencia. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pp. 21-36.



Para cualquier duda o sugerencia podéis escribir a la dirección de correo electrónico que se facilita en el margen derecho.